En diciembre el jurado anunció los resultados del Concurso Literario AUDEMAC 2021. En sucesivos miércoles vamos a publicar las 4 obras ganadoras en las dos modalidades de Microrrelatos y Poesía, acompañadas por la reseña tradicional de un miembro del jurado.

En este concurso las galácticas literarias de la Promoción del 2018 se han llevado tres de los cuatro premios en compañía del dos veces ganador del año pasado de 3º.

Por razones evidentes las fotos de portada que estamos utilizando son de nuestro archivo.

La junta directiva quiere aprovecha esta oportunidad para agradecer al jurado todo su trabajo:

Nieves Algaba (presidenta y profesora), Angelo Valastro (ilustre director), Conchita Mira (novelista) y José Ramón Martinez (secretario y lector empedernido) sin olvidar a Alfonso Pizarro (mano inocente que recibe las obras y garantiza su anonimidad).

Al grano, el Primer Premio en la modalidad Microrrelatos se otorgó para el titulado «El olvido que seremos», presentado bajo el seudónimo de «Mar» y cuya autora es:

Mercedes Lobo.

¡¡No es la primera vez que Mercedes gana un concurso AUDEMAC!!  Goza de 3 primeros premios de Poesía en 2015, 2016 y 2019.

Pero esta vez ha cambiado de modalidad y ha triunfado con un microrrelato. Enhorabuena Mercedes!

La foto con Nieves que escribe la reseña del jurado data de 2019 y la última presentación de premios que hemos podido realizar presencialmente.

Aquí su obra ganadora…

El olvido que seremos

Reseña del Jurado por la profesora Nieves Algaba

Como diría mi admirado Galdós, “según cuenta quien lo sabe”, Héctor Abad Faciolince oyó un día decir a su padre una frase lapidaria, una frase de esas que no te pueden dejar indiferente: “yo seré recordado por mi hijo”. Y, claro, cuando las palabras de alguno de nuestros progenitores adquieren tintes de profecía, es muy difícil sustraerse a la tentación de hacer realidad el augurio. Por eso, en 2006, Abad Faciolince publicó, en forma de novela, la vida y muerte de su padre con el título de El olvido que seremos (historia convertida después en película de la mano de Fernando Trueba).

Seguro que Mercedes Lobo, mi querida y admirada Mercedes, conoce la novela como lectora impenitente que es y seguro que más allá de las bondades de la narración le debió atrapar el maravilloso título de la obra. Y seguro que en su cabeza empezó a rondar la idea de dar cuerpo a ese título con otra realidad. La imagino cogiendo un boli en cualquier sitio, o dictando apresuradamente unas líneas a su teléfono móvil para que la chispa que había brotado no fuera, justamente, olvido.

Después, de manera más reposada, ya en casa, se debió sentar delante del ordenador para regalarnos un breve pero intenso relato que nos sobrecoge, que nos conmueve, por la mezcla de tragedia y de ternura que transparentan sus líneas. ¿He dicho ternura? ¡Qué demonios! AMOR en letras mayúsculas.

Esta reseña pretende ser solo una invitación a la lectura de una narración perfecta, en su fondo y en su forma, y por eso no quiero adelantar nada de su contenido. Pero no puedo resistir la tentación de reproducir, aunque solo sea una línea, para mostrar la belleza del estilo: “Beso sus blancas mejillas, surcadas por finas líneas azules, que dibujan un mapa ilegible hecho de tiempo en su semblante”. Es una frase que evidencia la tragedia y la ternura que antes mencionaba.

Y es que, aunque el relato nos muestra solo unos minutos de una vida, o por mejor decir, de dos vidas, porque asistimos al breve fragmento de la existencia de dos mujeres, adquiere, en virtud del amor, tintes de eternidad.

Así que no te preocupes, Mercedes, porque, como decía Lope de Vega, la muerte solo será terrible para aquellos “con cuya vida acaba su memoria” y tú has librado del olvido a quien amabas con la inmortalidad que otorga la literatura.

Nieves Algaba