En diciembre cuando anunciamos los ganadores del Concurso Literario AUDEMAC 2021 también felicitamos a Marta García Oliva, cuyo microrrelato ‘El cielo de los perros’ ganó una Mención Especial en el Certamen Nacional ‘José Vicente Marqués Martí’ de la Asociación AUDEMA de la Universidad de Alcalá de Henares en mayo 2021.

Y prometimos publicar también su obra ganadora.

Marta no es ninguna extraña a los concursos literarios AUDEMAC. En 2018 ganó el Segundo Premio de Poesía (en la foto de portada con nuestro augusto exdirector) y en el Concurso del XX Aniversario en 2020, el primer Premio de Microrrelatos. En su honor nuestra crítica literaria por excelencia le ha dedicado una reseña especial. Enhorabuena de nuevo, Marta!

EL CIELO DE LOS PERROS

Estoy corriendo por el parque y siento a Jana que no para quieta: salta, intenta inútilmente cogerse el rabo y obediente me trae la pequeña pelota.

El nombre de Jana fue una sugerencia de mi tía Julia y significa «regalo de Dios» en honor a la diosa hindú Janartharan. Jana nos encantó. 

Mi perra tiene unos ojos oscuros y un pelo suave de color canela pero sobre todo es muy lista, ¡hasta entiende lo que yo pienso!

A las dos nos gusta comer pizza, acurrucarnos en el sofá y abrazarnos fuerte. Es tan divertida que si yo bostezo, ella bosteza y si me ve contenta, mueve el rabo de alegría.

Sigo corriendo por el parque, pero realmente Jana no está a mi lado.

Mi hermano me grita:

«Alba, Alba que estás otra vez en la luna y ya nos vamos».

No puedo reprimir unas lágrimas ¡la echo tanto de menos!

Pero adivino que existe un cielo para perros, donde persiguen mariposas, retozan por la hierba, oyen música y se tumban en esponjosos cojines de colores. Y cualquier día haré un agujero en las nubes para poder ir a verla cuando quiera, seguir abrazándonos juntas y bostezar mirando las estrellas.

Marta García Oliva

Reseña por la profesora Nieves Algaba 

No es nada fácil conseguir que una narración que trata sobre una pérdida resulte optimista y esperanzadora. Sin embargo, nuestra querida compañera Marta García Oliva ha sabido mezclar, con el talento a que nos tiene acostumbrados, esos ingredientes, en principio antagónicos, y ha logrado que la ilusión arrincone a la melancolía.

La ilusión se aprecia desde el propio título, pues “El cielo de los perros” es un desiderátum, un anhelo de eternidad para esos seres cuya ausencia nos lleva a reflexionar sobre cuáles son las cosas realmente importantes de la vida. Así, tras la lectura del relato de Marta, coincidimos con Buda en que “no es más feliz quien más tiene, sino quien menos ambiciona”, porque queda claro que nada hay más reconfortante que disfrutar de las pequeñas cosas, de esos nimios placeres que no entrañan grandes exigencias, como “comer pizza, acurrucarnos en el sofá y abrazarnos fuerte”. Una lección vital que claramente podemos aprender de los perros.

Y es que, sin pretensiones, con cierta candidez e inocencia, pero, al tiempo, con una rotunda intensidad, porque así es la poesía y la prosa de Marta, apreciamos la honda huella que deja la partida de unos compañeros de viaje que, como dejó escrito Byron a modo de epitafio para uno de sus perros, tienen «la grandeza de los grandes hombres y ninguno de sus defectos».

Por ello, el relato de Marta irradia amor. Tanto es así que, aunque Jana, la perra de “ojos oscuros y un pelo suave de color canela”, ya no está, se sigue hablando de ella en presente.

Porque sí, hay esperanza. Y quizá ni siquiera sea necesario hacer un agujero en las nubes “para poder ir a verla cuando quiera”. Es posible que Jana, horadando el cielo (el cielo de los perros) como antes la tierra, ya lo haya hecho.

Nieves Algaba